Que no se me olvide

Antes me detenía a escribir las notas.

Pero mientras vas conduciendo también se te ocurren ideas. Especialmente en las autopistas, donde se supone que no puedas detener la dirección del tiempo. Y estacionarte. O andar en reversa.

La opción que me queda es: Hey Google, remind me enunciarme a las 6pm -o tan pronto como llegue a casa- una serie de términos ininteligibles que pudiste almacenar en la nube mientras yo transitaba a 100km/h por debajo de ellas.

Y cruzar los dedos alrededor del timón mientras delineo mentalmente qué hay más adelante, tras las curvas de la carretera. Para ejercitar esa parte del cerebro que intentará después descrifrar estos garabatos de audio.

Sapiens

¿Habrá algo más peligroso que unos Dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?

Años veinte

El futuro lo estamos construyendo ahora, por más que intentemos dejar de participar en él.

Pañoleta

Atuendo escolar comunista que se comercializaba en Hialeah para los alumnos que asistían a escuelas primarias en la Cuba socialista.

Millennials

En nuestra sociedad está apareciendo una brecha (...) que separa a quienes están adquiriendo los conocimientos y habilidades necesarias para moverse en este mundo digital de los que no.

Batido de mango

No es sólo el cruce de la fruta con leche y azúcar. Lleva dentro mucho polvo que le cae de encima o le atraviesa por los lados. Trazas efímeras que deberías degustar antes de que vuelvan hacia todas partes.

A Pedro Nariz González de la Caridad del Cobre le gusta colorear la mezcla con tonos bien raros. Vende lo mismo un batido de mango verde escarlata que un vaso de violáceo chillón.

Aunque a veces no tiene ni idea de las longitudes de onda que a la próxima multitud de clientes va a ofrecer, Pedro va y prepara los matices de inmediato. Agita el batido lo mismo con níquel veteado, que espolvorea manganeso fosfateado con extracto fluorescente.

Del que le gusta a las rocas que orbitan hacia su planeta a la hora de beber.

Superposición

Tras casi una década sin escucharlo, me sumerjo en el mar de hierro.

Quiero, a propósito, seguir sin entender nada más allá de los instrumentos que convierten al océano en música.

Y comienzo a cantar en mi lengua frases improvisadas que rimen al compás del otro idioma. Superpuestas. Sin que necesariamente tengan sentido.

Allá

De regreso a cuando pensábamos que íbamos a ser jóvenes para siempre.

Basilisco Roko-recursivo

Cuando terminas asimilando que...

...comienzas a encontrar la realidad espeluznantemente atractiva.